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Estatua de San Juan Nepomuceno
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Estatua de san Juan Nepomuceno

Una extraordinaria historia decora la vida de San Juan Nepomuceno, uno de los santos más venerados de Praga, especialmente por los turistas. Y no es para menos, se dice que tocar la placa en relieve de la estatua que fue emplazada en su honor en el Puente Carlos IV trae suerte, técnicamente la creencia popular asegura que es garantía de que alguna vez en la vida el turista vuelva a visitar Praga. Nadie ha podido comprobar si es cierto o no, pero, por las dudas, son miles las personas que día a día se acercan a alimentar la leyenda.

El puente, símbolo de jerarquía de la ciudad, tiene 31 estatuas de santos distintos; Juan Nepomuceno se encuentra entre San Antonio de Padua y el grupo formado por San Norberto, San Wenceslao y San Segismundo. De tanto tocar la placa de bronce ya está gastada, a diferencia del resto de la pieza perdió la capa que la recubre. El santo está acompañado por su perro, quien ahora también es protagonista: la diferencia es que al tocarlo hay que pedir un deseo.

El mito comenzó en el siglo XIV. Juan Nepomuceno nació en Bohemia y desde chico demostró gran inteligencia y vocación sacerdotal. De hecho, la emperatriz de Bohemia, Juana de Holanda, lo eligió como su confesor. El rey de Bohemia, Wenceslao IV, no era querido por la población, lo acusaban de ser un segundo Nerón. Era tan déspota que, según cuentan, en un almuerzo mandó a asar al cocinero que le sirvió un pavo un poco crudo.

Wenceslao nunca aceptó a Juan, y menos que su esposa le cuente sus intimidades. Temblaba de los celos. Hasta que un día no pudo soportar más y lo mandó a llamar. Le pidió que le cuente los secretos de su esposa, pero Nepomuceno se negó terminantemente, para él la confesión de un fiel era inviolable. El rey, enfurecido, lo mandó a encerrar y lo torturó. Nada. El santo se mantuvo en silencio. Cuando ya había agotado todos los recursos, ordenó que lo arrojen al río Moldava.

La estatua de San Juan Nepomuceno está en el lugar exacto donde el cuerpo cayó al agua. Según la leyenda, el río se tiñó de un color purpúreo y celestial resplandor, como anuncio de la gloria del mártir.

Foto vía: Rocio

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